Llevar a los niños al cine parece un buen plan para el fin de semana. Sin embargo, varios padres en Estados Unidos descubrieron que una botarga en un cartel no garantiza una película infantil.
La responsable fue "Buddy", una cinta de terror que utilizó una mascota en sus materiales promocionales. Muchas familias asumieron que se trataba de una comedia para niños, pero la proyección incluyó escenas de miedo que hicieron que varios menores salieran llorando de la sala.
Ante los reclamos de los tutores y sus exigencias de reembolso, la cuenta oficial de la película respondió en redes sociales: “Hola a todos, leer es fundamental”. La declaración reavivó la discusión sobre la importancia de revisar la clasificación de las películas.
El incidente con "Buddy" no es un hecho aislado. En varias ocasiones, la apariencia de una producción ha generado confusión sobre el público al que va dirigida.
El caso más conocido ocurrió en 2016 con "La fiesta de las salchichas" (Sausage Party). Su animación en 3D llevó a cientos de padres a asumir que era apta para niños, cuando en realidad tenía clasificación para adultos por su humor negro, violencia y contenido sexual.
Otras películas han vivido situaciones similares:

La polémica dividió las opiniones entre el papel de las campañas publicitarias y el deber de supervisión de los adultos.
Quienes responsabilizan a la industria señalan que el marketing recurre a la ambigüedad para captar atención. Promocionar una cinta de terror con personajes amigables puede desorientar al público.
Por ello, se ha sugerido que los cines coloquen avisos más claros en las taquillas cuando una película contenga elementos que puedan prestarse a confusión.

Por otro lado, defensores de las salas recuerdan que los sistemas de clasificación existen para evitar estos problemas. Las fichas informativas detallan el género, la edad recomendada y los contenidos sensibles.
Revisar la sinopsis o la clasificación toma pocos segundos antes de comprar las entradas. La respuesta de los creadores de "Buddy" resume este punto: la decisión final sobre lo que ven los menores depende del adulto a su cargo.
Ahora, ¿realmente no se dieron cuenta de que esto era una película de terror?

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