
Lily Liu, presidenta de Solana Foundation, dijo que “gaming on a blockchain is not coming back” y encendió una guerra dentro de Web3. Por qué ese mensaje importa, qué revela sobre GameFi, DeFi, gaming, crypto, blockchain y Solana.
Hay tweets que pasan. Y hay tweets que exponen una crisis de identidad.
Cuando Lily Liu, presidenta de la Solana Foundation, publicó en X que “Also, gaming on a blockchain is not coming back”, no soltó una opinión cualquiera. No fue un analista de afuera. No fue un periodista escéptico. No fue un gamer hater. Fue una de las caras más visibles de una de las blockchains que más empujó —y sigue empujando— su narrativa en gaming.
Y por eso pegó tan fuerte.
Porque cuando alguien adentro del ecosistema habla como si el sector estuviera muerto, lo que genera no es debate intelectual. Genera confusión. Genera desmoralización. Genera ruido para founders, equipos y comunidades que sí están tratando de construir algo serio en GameFi, crypto gaming, blockchain gaming y gaming onchain.
La polémica no nació porque el espacio sea perfecto; nació porque una cosa es criticar la ejecución, y otra muy distinta es declarar muerto el valor de la tecnología. Esa diferencia importa.
El tweet de Lily Liu apareció en medio de otro golpe simbólico al relato tech de la última década: Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, decidió recortar el impulso de su visión de metaverso después de haber quemado más de 80 mil millones de dólares en esa apuesta.
Y ahí apareció la comparación fácil: si el metaverso se desinfla, entonces el gaming onchain también está muerto.
Pero no.
Eso no es análisis. Eso es meter en la misma bolsa productos fallidos, malas implementaciones, burbujas especulativas y tecnologías que todavía no encontraron su mejor forma de uso.
El fracaso de una narrativa no invalida automáticamente el valor de una tecnología.

Seamos honestos: el blockchain gaming se hizo daño solo.
Hubo una ola enorme de proyectos que prometieron revolución y entregaron granjas de extracción con gameplay olvidable. Se abusó del “play-to-earn”, del farming emocional, de las economías infladas, de los tokens usados como parche para tapar la falta de diversión. Muchísimos equipos vendieron riqueza antes de construir retención. Vendieron upside antes de construir loops. Vendieron mercado antes de construir juego.
Eso pasó.
Y negarlo sería infantil.
Pero también sería infantil concluir que, porque una camada de proyectos implementó mal blockchain, entonces blockchain no tiene valor para gaming.
Eso es como decir que porque hubo cientos de juegos mobile clonados, entonces el mobile gaming nunca tuvo sentido. O que porque el free-to-play se llenó de basura, entonces los sistemas live-service eran una estupidez.
No funciona así.
La tecnología no fracasa automáticamente porque su primera generación de productos haya sido oportunista, perezosa o prematura.
Blockchain en juegos sí puede aportar valor cuando se usa para resolver cosas concretas: propiedad digital verificable, mercados abiertos, economías transparentes, identidades persistentes, wallets integradas y capas financieras nativas que el gaming tradicional no maneja igual de bien.
Entonces la pregunta no es si blockchain sirve para gaming.
La pregunta es por qué una líder de un ecosistema que todavía tiene juegos, herramientas e inversiones en gaming decidió dispararle así en público.
Also, gaming on a blockchain is not coming back
— Lily Liu (@calilyliu) View on X
Hay varias lecturas posibles. Y ninguna deja demasiado cómodo al espacio.
La interpretación más generosa es que Lily no está diciendo que nunca más habrá juegos con blockchain. Lo que podría estar diciendo es que no volverá la versión vieja del blockchain gaming: el ciclo 2021–2022 de hype, tokens, especulación y promesas económicas absurdas con gameplay secundario.
Y esa lectura tiene algo de lógica.
Mucha gente dentro del sector cree exactamente eso: no vuelve el “crypto game” como categoría marketinera, sino experiencias donde la blockchain queda por debajo del capó y el usuario no necesita sentir que está entrando en un exchange disfrazado de videojuego.
Si esa era su idea, el problema no es el fondo.
El problema es la forma.
Porque decir “gaming on a blockchain is not coming back” no suena a refinamiento conceptual. Suena a epitafio.
Y cuando ocupás un rol institucional, el mercado escucha literal.
También puede ser una jugada política.
Hoy Solana tiene narrativas mucho más calientes que gaming: DeFi, pagos, stablecoins, infraestructura, mercados onchain y adopción institucional.
En ese contexto, gaming puede verse como una mochila reputacional pesada: mucho capital destruido, poca tracción consistente, muchos equipos zombies y una categoría que todavía carga el olor a 2021.
Traducido al idioma brutal del mercado: quizás decir “eso no vuelve” es una forma de decir “no quiero que sigan valuando este ecosistema con una narrativa que hoy resta más de lo que suma”.
Eso puede ser tácticamente entendible. Pero sigue siendo miope.
Porque una cosa es priorizar verticales con mejor timing. Otra cosa es dinamitar públicamente una categoría donde todavía hay builders, tooling, comunidades y casos de uso que podrían madurar muchísimo mejor que en el ciclo anterior.
Esta es la lectura más dura, y probablemente la que más bronca le dio a la comunidad.
Después de años de ver shovelware, incentivos rotos, lanzamientos vacíos y decks inflados, mucha gente dentro de crypto empezó a confundir su hartazgo con claridad intelectual.
Empiezan a pensar que porque la mayoría de las implementaciones fueron malas, el problema era la capa tecnológica y no la incapacidad del mercado para usarla bien.
Ese salto lógico es peligrosísimo.
Porque mata la experimentación justo cuando la infraestructura está mejorando. Mata la paciencia justo cuando la UX está dejando de ser tan hostil. Mata la visión justo cuando por fin existen mejores wallets, mejores costos y mejores herramientas para integrar blockchain sin obligar al jugador a “jugar a la blockchain” antes que al juego.
Acá hay una discusión que GameFi necesita tener de frente.
Durante años se repitió que “los jugadores vinieron por la plata” como si eso demostrara una falla moral de la audiencia.
Pero la realidad es otra.
Los juegos se posicionaron así.
Los propios proyectos atrajeron usuarios con promesas de rendimiento, upside, rewards, token appreciation y quick money. Después no podés culpar a la audiencia por responder exactamente al incentivo que vos mismo diseñaste.
No fueron los jugadores los que inventaron el hábito extractivo.
Fue la oferta.
Fue la industria la que convirtió una tecnología potente en un embudo especulativo disfrazado de videojuego. Fue la industria la que priorizó wallets sobre worlds, tokens sobre systems, mint sobre retention y whitepaper sobre fun.
Y ahora algunos insiders quieren dictar sentencia final sobre blockchain gaming, como si el veredicto ya estuviera cerrado.
No lo está.
El problema del espacio no es que blockchain gaming no vaya a volver.
El problema es que el blockchain gaming que sobreprometió sí merece no volver.
No necesitamos más juegos cuyo pitch principal sea que vas a ganar dinero.
No necesitamos más economías que dependan de usuarios nuevos para sostener usuarios viejos.
No necesitamos más NFTs sin función real.
No necesitamos más pseudo-MMOs con whitepaper de hedge fund.
No necesitamos más founders que creen que ponerle wallet a un juego ya es innovación.
Lo que sí necesita volver —y mejor— es la convicción de que blockchain puede hacer cosas que el gaming tradicional no hace igual. No como slogan, sino como diseño.
La capa onchain sirve cuando mejora propiedad, coordinación, economía, identidad, liquidez o persistencia. Sirve cuando desaparece del marketing y aparece en la arquitectura. Sirve cuando deja de ser el protagonista del pitch y pasa a ser el soporte silencioso de una mejor experiencia.
Ahí está el futuro.
No en “play-to-earn”.
No en “metaverse”.
No en palabras recicladas.
Sí en productos que entiendan que el juego primero debe ser juego, y que la blockchain solo vale si amplifica eso.
Y acá está el corazón del problema.
Solana no es una blockchain ajena al gaming. Solana tiene juegos. Solana tiene tooling. Solana tiene inversiones. Solana tiene founders construyendo ahí. Solana tiene una historia pública empujando la idea de que blockchain puede habilitar nuevas experiencias en entretenimiento.
Entonces, si la tesis institucional sigue viva en ecosistema, producto y comunidad, pero una de sus máximas figuras la declara muerta en X, el problema no es solo comunicacional.
El problema es de coherencia.
Y cuando no hay coherencia, el mercado llena el vacío con cinismo.
El tweet de Lily Liu no es una sentencia. Es un filtro. Sirve para separar a los que estaban acá por moda, por grants, por token thesis o por la próxima ola de engagement fácil, de los que realmente entienden que gaming + blockchain todavía tiene una oportunidad enorme si se deja de construir para screenshots de inversores y se empieza a construir para usuarios reales.
Los builders serios no deberían leer ese tweet como “se acabó todo”.
Siendo optimistas se debería leer como: perfecto, se acabó la fase donde cualquiera podía vender humo con una wallet y un marketplace.
Porque la tecnología no murió. Y no va a morir. Lo que debería morir es la pereza conceptual del sector.
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