Tu score crediticio decide si te prestan, a qué tasa y en qué condiciones. En 2026, con millones de personas cayendo en default, entender cómo funciona y cómo protegerlo nunca fue más urgente.
Hay un número que no aparece en tu cuenta bancaria ni en tu recibo de sueldo, pero que influye más que cualquiera de ellos en tu acceso al crédito, a una hipoteca, a veces hasta a un alquiler o un trabajo. Ese número es tu score crediticio.
En el primer trimestre de 2026, 2,6 millones de deudores estudiantiles cayeron en default en EE.UU. Sus scores cayeron 91 puntos en promedio de un día para el otro. Eso no es un número abstracto: es la diferencia entre calificar para una hipoteca o no. Entre pagar 5% o 8% de interés en un préstamo. Entre conseguir el departamento o quedarse sin él.
Entender cómo se construye ese número es, literalmente, dinero.
El score crediticio es un número entre 300 y 850 que resume tu historial de comportamiento financiero. El modelo más usado en EE.UU. es el FICO, calculado a partir de cinco factores con pesos distintos.
| Factor | Peso en el score | Qué mide |
|---|---|---|
| Historial de pagos | 35% | ¿Pagaste en término siempre? |
| Utilización del crédito | 30% | ¿Cuánto de tu límite estás usando? |
| Antigüedad del historial | 15% | ¿Hace cuánto tenés crédito? |
| Mix de crédito | 10% | ¿Tenés distintos tipos de deuda? |
| Nuevas solicitudes | 10% | ¿Pediste crédito nuevo recientemente? |
Lo primero que salta a la vista: el 65% del score depende de solo dos factores. Pagar en término y no usar demasiado del crédito disponible. Todo lo demás es secundario.
Un score bajo no solo te cierra puertas: te las abre más caras. La diferencia entre un score de 620 y uno de 760 en una hipoteca de $300.000 puede ser de $100.000 en intereses pagados a lo largo de 30 años. El mismo préstamo, el mismo banco, el mismo deudor. Solo cambia el número.
No tener historial crediticio es casi tan problemático como tener uno malo. Los prestamistas no pueden evaluar el riesgo de alguien sin datos, y la respuesta habitual es el rechazo o tasas muy altas.
La herramienta más accesible para empezar desde cero es una secured credit card: una tarjeta de crédito donde depositás un monto (generalmente $200 a $500) que funciona como tu límite. La usás para gastos chicos, pagás el total cada mes, y el banco reporta ese comportamiento positivo a los burós. En 6 a 12 meses, ya tenés historial.
Otras estrategias para quienes están empezando: convertirse en usuario autorizado de la tarjeta de un familiar con buen historial, o acceder a un credit-builder loan, un préstamo diseñado específicamente para construir historial donde el dinero queda en una cuenta de ahorro hasta que terminás de pagar.
Algunos comportamientos tienen un impacto desproporcionadamente negativo en el score y vale la pena conocerlos antes de cometerlos sin querer.
Construir el score lleva años. Destruirlo puede tomar semanas. Por eso la protección es tan importante como la construcción.
La medida más efectiva contra el robo de identidad —que puede arruinar un score sin que hagas nada mal— es el credit freeze: un bloqueo gratuito que impide que cualquier prestamista acceda a tu historial para abrir nuevas líneas de crédito a tu nombre. Se activa y desactiva en minutos en los sitios de cada buró.
Revisar el reporte al menos una vez al año también es crítico. Hasta 1 de cada 5 reportes tiene errores que bajan el score injustamente. En EE.UU. tenés derecho a un reporte gratuito anual de cada buró (Equifax, Experian y TransUnion) en AnnualCreditReport.com.
Esta semana, revisá tu tasa de utilización de crédito: dividí el saldo actual de todas tus tarjetas por el límite total disponible. Si el resultado supera el 30%, hacer un pago parcial antes de que cierre el período puede subir tu score en el próximo reporte sin ningún otro cambio.
Tu score no es un juicio de valor. Es una foto de tu comportamiento financiero en el tiempo. Y como toda foto, podés cambiar lo que muestra. Solo hay que saber qué factores mover, en qué orden y con qué consistencia. El resto lo hace el tiempo.
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